Cada vez son más los extranjeros que viven en tierras chilenas. Según el Censo del año 2002, el 1,2% de la población nacional está constituida por inmigrantes, de los cuales el 67,9% son de América latina. Dada esta situación, es interesante reflexionar sobre el trato que como chilenos les damos a estas personas, ya que al parecer los inmigrantes latinoamericanos sufren de permanentes descalificaciones y discriminaciones en nuestro país.
Según los afectados una de las principales fuentes de discriminación son las políticas de gobierno, ya que las dificultades que se presentan para poder obtener un permiso de residencia en este país revelan la falta de aceptación que existe hacia ellos. Así mismo, las leyes laborales que rigen para estas personas no hacen más que trabar y obstaculizar sus desempeños profesionales.

Del mismo modo, estos individuos reconocen un segundo canal causante de frecuentes descalificaciones; los medios de comunicación, especialmente la televisión. En este momento, existe una fijación por mostrar insistentemente la peor cara de la moneda, asociando y culpando a los inmigrantes de problemas nacionales como son el alcoholismo, la drogadicción, la prostitución, entre otros.
Pese a lo anterior, el gobierno y la ciudadanía en general, afirman que estos malos tratos no son ciertos, por el contrario, ellos aseveran respetar y acoger a las personas provenientes de otros países. Una evidencia sería el documento publicado por la presidenta Michelle Bachelet el 2 de septiembre del 2008 en el cual se establece que: “Se debe generar una aceptación positiva del migrante dentro de la sociedad, respetando su especificidad cultural, pero también propendiendo a que el extranjero se integre a diversos ámbitos, como el respeto a la institucionalidad democrática, de la lengua nativa y de ciertos modelos culturales propios del país receptor. Implica la incorporación de los inmigrantes en la estructura económica, social y política de la sociedad receptora”.
La verdad es que los ejemplos anteriores constituyen excepciones dentro del cotidiano actuar de los chilenos. Son casos aislados que nos sirven para tranquilizar la conciencia, pero que no reflejan una verdadera intención de aceptación o de integración. No basta con discursos, publicaciones o lindas palabras para solucionar el problema, se necesita de acciones concretas en el diario vivir de nuestra gente.
Seamos sinceros y reconozcamos las exclusiones e injusticias que diariamente cometemos con los inmigrantes latinoamericanos. Este sería el primer paso hacerlos sentir cómodos y bienvenidos en nuestro país.

