viernes, 23 de octubre de 2009

Inscripción electoral juvenil en Chile

Según la Constitución chilena, se le llama ciudadano a toda persona que ha cumplido 18 años de edad y no ha sido condenada a pena aflictiva. Sin embargo, para poder votar en las distintas elecciones se establece un requisito adicional: inscribirse en los registros electorales.
Este último requerimiento constituye un problema para la sociedad actual, ya que cada año son menos los chilenos y chilenas que realizan este procedimiento. A esto se le llama “envejecimiento del padrón electoral” porque es claro que la participación política proviene en su mayoría, del segmento de mayor edad de la población.
Evidentemente que este tema preocupa a las autoridades del país que están haciendo sus mayores esfuerzos por reencantar a los jóvenes con el mundo político y así promover su participación y colaboración.

El mayor problema que se advierte sobre el tema electoral actual es la falta de interés por parte de la juventud en relación a los temas políticos propios del país. Como consecuencia se obtiene un electorado envejecido, y por tanto son los adultos quienes toman las decisiones. Es así como se produce un círculo vicioso, porque cada vez la política se aleja más de los jóvenes al estar dominada por autoridades mayores con ideas antiguas y poco atractivas para la modernidad. Al mismo tiempo, los jóvenes se sienten menos representados y partícipes de este mundo político, lo que los hace mantenerse al margen de este tipo de decisiones.

La solución a este problema es instituir la inscripción automática con voto voluntario. En otras palabras, toda persona que cumpla 18 años de edad y no ha cometido pena aflictiva queda inmediatamente inscrita en los registros electorales, lo que le permite sufragar. Ahora bien, si la persona vota o no, eso es voluntario a fin de respetar la libertad de acción de cada individuo.

Este sistema es una alternativa para aquellos que consideran que la inscripción es un trámite difícil, o bien, para aquellos que por descuido no alcanzaron a inscribirse en las fechas que el sistema permite hacerlo.

La progresiva baja en las cifras de jóvenes inscritos en los Registros Electorales es claramente visible en la base de datos que se manejan en las oficinas del Servicio Electoral (Servel).En ella se aprecia que entre los 18 y 24 años de edad durante el año 2000 eran 2.305.275 las personas inscritas, cifra que cambio a 1.213.521 en el 2008. Asimismo, según las cifras del Servicio Electoral, los menores de 30 años representan el 7,6% de los que se desprende que solo el 62% de los mayores de 18 años está inscrito.

En cuanto al voto voluntario e inscripción automática, la encuesta del INJUV afirma que un 79,6% de los jóvenes se muestra a favor del voto voluntario y solo el 14,8% está en desacuerdo.

Pueden encontrarse opiniones contrarias, las que afirman que el establecimiento de la inscripción automática en los registros electorales no necesariamente implica una mayor participación de los jóvenes en la política. De todas formas esta ley, si bien, permite que todos los ciudadanos tengan la posibilidad de votar, no determina como obligatorio el sufragio. Es así como podría ocurrir que personas actualmente inscritas se adhirieran a los no votantes con lo que disminuiría el porcentaje de personas que no votan.

Posiblemente, en algunas elecciones podría ocurrir ese fenómeno; sin embargo, es un hecho que la participación de los jóvenes en la política aumentaría, ya que han sido ellos mismos quienes han solicitado la implementación de este sistema. Si se les asegura que sus opiniones son tomadas en cuenta e inciden en las acciones políticas, seguramente sea el primer paso para que poco a poco vayan tomando confianza e interés por el tema.

viernes, 2 de octubre de 2009

La integración: un desafío por alcanzar

Cada vez son más los extranjeros que viven en tierras chilenas. Según el Censo del año 2002, el 1,2% de la población nacional está constituida por inmigrantes, de los que el 67,9% son de América latina. Dada esta situación, es interesante reflexionar sobre el trato que se les da a estas personas, ya que en Chile, los inmigrantes latinoamericanos sufren de permanentes descalificaciones y discriminaciones.

Según los afectados, una de las principales fuentes de discriminación son las políticas de gobierno, ya que las dificultades que se presentan para poder obtener un permiso de residencia en Chile revelan la falta de aceptación que existe hacia ellos. Asimismo, las leyes laborales que rigen para estas personas no hacen más que trabar y obstaculizar sus desempeños profesionales.

Del mismo modo, estos extranjeros reconocen un segundo canal causante de frecuentes descalificaciones: los medios de comunicación, especialmente la televisión. En este momento existe una fijación por mostrar insistentemente la parte negativa de los inmigrantes con lo cual se tiende a asociar y culpar a estos de problemas nacionales como son el alcoholismo, la drogadicción, la prostitución, entre otros.

Pese a lo anterior, el gobierno y la ciudadanía en general afirman que estos malos tratos no son ciertos, por el contrario, ellos aseveran respetar y acoger a las personas provenientes de otros países. Una evidencia sería el documento publicado por la presidenta Michelle Bachelet el 2 de septiembre del 2008, en el cual se establece que

“Se debe generar una aceptación positiva del migrante dentro de la sociedad, respetando su especificidad cultural, pero también propendiendo a que el extranjero se integre a diversos ámbitos, como el respeto a la institucionalidad democrática, de la lengua nativa y de ciertos modelos culturales propios del país receptor. Implica la incorporación de los inmigrantes en la estructura económica, social y política de la sociedad receptora[1]”.

La verdad es que los ejemplos anteriores constituyen excepciones dentro del cotidiano actuar de los chilenos. Son casos aislados que sirven para tranquilizar la conciencia, pero que no reflejan una verdadera intención de aceptación o de integración. No basta con discursos o publicaciones para solucionar el problema, sino que se necesita de acciones concretas en el diario vivir de cada ciudadano chileno. Es hora de reconocer las exclusiones e injusticias que diariamente se cometen con los inmigrantes latinoamericanos. Este sería el primer paso evitar descalificaciones y cooperar con una propuesta de integración que les permita estar cómodos y sentirse bienvenidos en estas tierras chilenas.

[1] Gabinete presidencial. Imparte instrucciones sobre la “Política Nacional Migratoria”. Memorando n. 009 del 2 de septiembre de 2008, del, Página 2, punto 6.a y b