Según la Constitución chilena, se le llama ciudadano a toda persona que ha cumplido 18 años de edad y no ha sido condenada a pena aflictiva. Sin embargo, para poder votar en las distintas elecciones se establece un requisito adicional: inscribirse en los registros electorales.
Este último requerimiento constituye un problema para la sociedad actual, ya que cada año son menos los chilenos y chilenas que realizan este procedimiento. A esto se le llama “envejecimiento del padrón electoral” porque es claro que la participación política proviene en su mayoría, del segmento de mayor edad de la población.
Evidentemente que este tema preocupa a las autoridades del país que están haciendo sus mayores esfuerzos por reencantar a los jóvenes con el mundo político y así promover su participación y colaboración.
El mayor problema que se advierte sobre el tema electoral actual es la falta de interés por parte de la juventud en relación a los temas políticos propios del país. Como consecuencia se obtiene un electorado envejecido, y por tanto son los adultos quienes toman las decisiones. Es así como se produce un círculo vicioso, porque cada vez la política se aleja más de los jóvenes al estar dominada por autoridades mayores con ideas antiguas y poco atractivas para la modernidad. Al mismo tiempo, los jóvenes se sienten menos representados y partícipes de este mundo político, lo que los hace mantenerse al margen de este tipo de decisiones.
La solución a este problema es instituir la inscripción automática con voto voluntario. En otras palabras, toda persona que cumpla 18 años de edad y no ha cometido pena aflictiva queda inmediatamente inscrita en los registros electorales, lo que le permite sufragar. Ahora bien, si la persona vota o no, eso es voluntario a fin de respetar la libertad de acción de cada individuo.
El mayor problema que se advierte sobre el tema electoral actual es la falta de interés por parte de la juventud en relación a los temas políticos propios del país. Como consecuencia se obtiene un electorado envejecido, y por tanto son los adultos quienes toman las decisiones. Es así como se produce un círculo vicioso, porque cada vez la política se aleja más de los jóvenes al estar dominada por autoridades mayores con ideas antiguas y poco atractivas para la modernidad. Al mismo tiempo, los jóvenes se sienten menos representados y partícipes de este mundo político, lo que los hace mantenerse al margen de este tipo de decisiones.
La solución a este problema es instituir la inscripción automática con voto voluntario. En otras palabras, toda persona que cumpla 18 años de edad y no ha cometido pena aflictiva queda inmediatamente inscrita en los registros electorales, lo que le permite sufragar. Ahora bien, si la persona vota o no, eso es voluntario a fin de respetar la libertad de acción de cada individuo.
Este sistema es una alternativa para aquellos que consideran que la inscripción es un trámite difícil, o bien, para aquellos que por descuido no alcanzaron a inscribirse en las fechas que el sistema permite hacerlo.
La progresiva baja en las cifras de jóvenes inscritos en los Registros Electorales es claramente visible en la base de datos que se manejan en las oficinas del Servicio Electoral (Servel).En ella se aprecia que entre los 18 y 24 años de edad durante el año 2000 eran 2.305.275 las personas inscritas, cifra que cambio a 1.213.521 en el 2008. Asimismo, según las cifras del Servicio Electoral, los menores de 30 años representan el 7,6% de los que se desprende que solo el 62% de los mayores de 18 años está inscrito.
En cuanto al voto voluntario e inscripción automática, la encuesta del INJUV afirma que un 79,6% de los jóvenes se muestra a favor del voto voluntario y solo el 14,8% está en desacuerdo.
Pueden encontrarse opiniones contrarias, las que afirman que el establecimiento de la inscripción automática en los registros electorales no necesariamente implica una mayor participación de los jóvenes en la política. De todas formas esta ley, si bien, permite que todos los ciudadanos tengan la posibilidad de votar, no determina como obligatorio el sufragio. Es así como podría ocurrir que personas actualmente inscritas se adhirieran a los no votantes con lo que disminuiría el porcentaje de personas que no votan.
Posiblemente, en algunas elecciones podría ocurrir ese fenómeno; sin embargo, es un hecho que la participación de los jóvenes en la política aumentaría, ya que han sido ellos mismos quienes han solicitado la implementación de este sistema. Si se les asegura que sus opiniones son tomadas en cuenta e inciden en las acciones políticas, seguramente sea el primer paso para que poco a poco vayan tomando confianza e interés por el tema.